martes, 18 de mayo de 2010

Revelaciones~



Me deslicé por la pared hasta quedar sentada en el suelo. Rodeé mis piernas con mis brazos, en un intento de evitar que aquel sentimiento pueda romperme y escondo el rostro entre mis rodillas. Las lágrimas fluyen sin que yo pueda evitarlo. Cuando era una niña, mi madre decía que el amor era lo más maravilloso que me podía pasar. Que cuando encontrara a aquella persona especial, mi vida se llenaría de color y sería feliz, pues estaría completa.

-¿Quién es esa persona? ¿Cuándo llegará?- le preguntaba ilusionada, con los ojos brillándome de la emoción, pero ella solo me sonreía, se daba la vuelta y se iba, siempre sin decirme quien era esa persona. Al pasar el tiempo, me di cuenta de que quizá esa persona…no existía.

O bueno, eso creía, hasta que le conocí. Aquel día que decidí asistir a la clase de Arte, una clase a la que nunca le había encontrado interés alguno. Si tan solo hubiera seguido de largo…no me encontraría en este profundo abismo que yo misma había cavado y en el cual había tropezado.

No lo vi en aquella enorme muchedumbre, sin embargo, al salir…choqué con él. Cabello negro y ojos cafés, hermosos…en los cuales me perdí rápidamente. Había caído enamorada de alguien que no conocía, alguien que creí que era el indicado…alguien que solo me había lastimado.

-¿Por qué hay gente que solo vive del dolor ajeno? Si lo amo, ¿Por qué el no me ama y solo me lastima? No es justo- me dije entre lamentos. Estaba sola, sola y deprimida, porque el se había ido y no iba a regresar…nunca.

Mis sollozos aumentaron al darme cuenta de aquella revelación. No iba a volver. Me abrace nuevamente, con mucha mas fuerza. Sentía un agujero en mi pecho, como si me hubiesen sacado todo y me hubiera dejado desangrada, abandonada. Porque así me había dejado…abandonada.

-Mere, Mere…-
me llamó una dulce voz, la cual se acercaba a mí. No alcé la vista, estaba muy cansada. De llorar, de amar, de esperar…de vivir
-Déjame, Jane…Quiero estar sola- murmuré entre sollozos, sin embargo ella no se fue.
-Por favor, Mere…no te puedes quedar sola- me dijo suavemente. ¿Qué no me entendía?

Alcé la mirada, y la clave en aquellos ojos negros que me observaban. No quería que nadie estuviera cerca de mí. No arrastraría a nadie en aquel hoyo de miseria en el que yo misma me encontraba.
-¡Dejadme ya, Jane! ¡No quiero saber nada de nadie! Dejadme sola- le grité fuera de mis casillas, pero era necesario, ella no merecía estarse preocupando por mí. Me lanzó una mirada triste y de compasión antes de darse la vuelta y salir de mí recamara.

Estaba encerrada, entre aquellas cuatro paredes. Enterré mi rostro en una almohada y grité. Era una completa agonía, una amarga agonía. No era justo…yo estaba aquí, derramando lágrimas por su amor, cuando el estaba muy feliz, con aquella chica rubia…por la cual me había dejado.

La puerta se abrió nuevamente, y yo alcé la vista, dispuesta a gritarle a quien fuese, pero mis ojos cafés se toparon con los suyos y perdí el habla. Él camino hacía mí y se sentó a mi lado. Antes de que pudiera replicar, me rodeó con sus brazos.
-Llora pequeña, llora y saca todo lo que llevas dentro…Llora hoy y mañana empieza de nuevo- me dijo al oído y eso fue todo lo que necesite para que las lágrimas salieran a borbotones de mis ojos. Él espero pacientemente, hasta que saqué todo el dolor que llevaba dentro. Acariciaba mi cabello y mi espalda, mientras yo lloraba aferrada a su camisa, enterrando el rostro en su pecho.

Cuando terminé el se limitó a limpiar el resto de las lágrimas que habían quedado en mis ojos. Me bastó una mirada a su alma para entender lo que en verdad, nunca había querido ver. Tomé su rostro entre mis manos, y el me miró vacilante. Sin saber muy bien que hacía mis labios buscaron los suyos. Los posé suavemente sobre sus labios, temerosa a su rechazo…un rechazo que nunca llegó. Sus brazos se entornaron a mi cintura y respondió a mi muestra de afecto. En ese momento la verdad cayó sobre mí.

Él me quería…no como la persona que me había lastimado. Anthony me quería, a mí…a Meredith. A la obscura, infantil y extraña Meredith. Me amaba…y yo tambien le amaba. Aunque nunca me hubiese dado cuenta…el era algo para mí…el era él. La persona indicada…mi verdadero amor.

Nos separamos y el me miró confundido. Yo solo pude sonreírle débilmente, y apoyar una de mis manos sobre su rostro, acariciando su mejilla antes de pronunciar aquellas palabras que se morían por brotar de mi ser.

-Te amo- fue todo lo que dije antes de que el me besará nuevamente, dando inicio a un amor que había estado escondido dentro de mi ser por tanto tiempo…marcando así el inicio de una nueva vida…el inicio de una nueva Meredith…el inicio de un verdadero amor…que duraría para siempre, porque el me amaba y yo lo amaba…y lo demás, no importaba…solo importaría nuestro amor…solo eso y nada mas.

1 comentario:

  1. Arriba nuestra terapia!!!
    Ya sabes que te considero un solecito que llena mis tardes de diversión. Estoy muy contenta de haberte conocido y más aún de tener la oportunidad de ser tu amiga.
    Eres una personita que vale muchísimo la pena, y a la cual he aprendido a querer mucho.
    Sabes que cuentas conmigo para todo, en las buenas y en las malas estaré para ti.
    Te quiere mil,
    Elle

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